La teoría del meloerogenismo

Meloerogenismo

Mi intención era hablaros de algo que sé que existe, pero no tengo manera de demostrar, salvo que vinieseis a sentaros a mi lado en ciertos momentos. Como en la actualidad documentarse es poner letras en una barra de dirección y dar al intro, he buceado un poco para hablar de ello con propiedad, pero sólo he encontrado una vaga elucubración clonada en cientos de tipografías y diseños de difícil observación. Y un aventurado palabro: melolagnia. Ah, cómo nos gustan los palabros. ¿Si hay gastrobares por qué no van a haber melolagnia? Veamos qué pretende ser esto, por qué lo he descubierto y qué pretendo explicar yo.

Según los seres de la WTesFera, melolagnia es sentir excitación por la música (oída o ejecutada). La explicación clonada repite exponencialmente que se trata de una parafilia (porque es una excitación provocada por un estímulo externo), aunque no se centra en la propia etimología del pseudo-término, así que rebuscando un poco lo he deducido. Es una palabra compuesta cuyas unidades provienen ambas del griego; melos significa «canción, tonada, música, miembro de una tonada, parte de un grupo» y –lagnia es un sufijo que designa lujuria por algo. Si sumamos dos más dos, tenemos palabro.

Como terquedad es mi segundo nombre y me va el riesgo, eché una ojeada al grupo de Facebook a ver qué se cocía por ahí. Sí, directamente, sin condón, como diría el difunto Fraga. Y, bueno, mi esperanza se iba disipando de manera directamente proporcional a la cantidad de faltas de ortografía y publicaciones que vamos a tildar de “explícitas” y poco didácticas (mira que políticamente correctos somos aquí en No Sólo Porn).

Así que, a sabiendas que no soy única en la especie en esto, y en un intento de deducción y entretenimiento, voy a exponeros mi teoría sobre el meloerogenismo (*copyright en trámite*).

Meloerogenismo es una palabra compuesta (e inventada) por los vocablos griegos melos (que he citado antes), –ero– (relativo al placer) y –geno (de generar o producir). Porque digo yo que algún nombre ha de tener el hecho de que la estimulación auditiva nos dé momentos de verdadero disfrute orgánico, más allá de moverse al ritmo de la canción en sí, tararearla o que ésta se te quede pegada para el resto del día. Hablo de reproducir durante la audición el conjunto de manifestaciones físicas correspondientes al placer, como el erizamiento del bello, un aumento de la frecuencia cardiaca e incluso ruborizarse.

Cuando hablamos de sexualidad, es frecuente que el concepto “orgasmo” se nos proyecte en nuestras… Click Para Twittear

En realidad dudo que haya mucho que descubrir a nivel fisiológico aquí, dado que a nivel de estimulación cerebral, nerviosa y hormonal debe ser algo parecido a cuando sentimos placer durante una fantasía, pero sin ese componente consciente que aporta la visualización de algo que nos gusta y es directamente sexual. De hecho, el placer en sí es algo genérico y los patrones fisiológicos básicos son los mismos; lo que cambia es la intensidad según el individuo y el estímulo. Cuando hablamos de sexualidad, es frecuente que el concepto “orgasmo” se nos proyecte en nuestras mentes al mencionar el placer, pero éste se empieza a sentir mucho antes (y menos mal). En este caso, se trataría de una sensación similar a esos primeros momentos de placer, siendo un estímulo algo más mecánico y poco cognitivo, ya que es nuestro oído interno, el sensitivo, quien decide regalarnos una muy agradable sensación al escuchar ciertas melodías.

Cuando hablamos de sexualidad, es frecuente que el concepto “orgasmo” se nos proyecte en nuestras… Click Para Twittear

Hay, de hecho, dos tipos de meloerogenismo basados en cómo se produce esta reacción: está el meloerogenismo agudo, el del momento, y está el meloerogenismo secundario, el que se inicia al escuchar los primeros acordes de una canción que nos lo ha producido en el pasado (éste suele ser más leve y con unos síntomas más sutiles).

El meloerogenismo agudo cursa con una sonrisa y un cierre de párpados. Nuestro oído registra armonías que son agradables para nuestro “oído cerebral”, ya sean terceras mayores, arpegios o una voz rasgada (si sois meloerógenicos, os puede resultar entretenido ver qué patrones os gustan más, a veces no se es consciente). La sonrisa se va relajando, se destensa, porque nuestro organismo está disfrutando y se centra en la melodía, en sentirla, y habrá momentos en los que puntualmente se erice el bello, como cuando decimos que vamos a cortarnos el pelo pero en realidad buscamos ese mágico masaje capilar de nuestra peluquera.

La sonrisa se va relajando, se destensa, porque nuestro organismo está disfrutando y se centra en la melodía, en sentirla

Si no me equivoco, en todo este abanico de respuestas ante un estímulo correspondientes al placer intervienen la serotonina y algunas catecolaminas, como la noradrenalina. La primera se encarga de las sonrisas y, más o menos, del buen rollo, la desinhibición, y el olvidar un poco el mundo para facilitarle las cosas a la noradrenalina, cuya misión es activar el sistema nervioso simpático (muy a tono con la situación) y despejarnos, de aumentar las pulsaciones, de los escalofríos, de poner a disposición la energía que hasta hacía un momento estaba bien guardada, de abrir nuestras pupilas y causar ese delator reflejo piloerector del que hablaba.

Evidentemente, el meloerogenismo no es sexo ni se van a dar los picos hormonales del orgasmo (salvo que lo busquemos, véase el susodicho grupo de Facebook). Pero lo que tiene en común con ciertos aspectos de la sexualidad, como puede ser un flirteo e incluso esa primera caricia detrás de la oreja, es sin duda el buen rato que pasamos, y que normalmente queremos repetir. Algunas tenemos la suerte de no cansarnos y poder escuchar nuestras melodías meloerógenas en bucle y sentirlas, cada vez.

El placer es sano y es gratis. Drógate con él.

Anna Martí
Anna Martí
Dicen que no paro pero yo creo que son ellos quienes me ven deprisa. Pasé de curar vacas a curar ordenadores hasta acabar escribiendo aquí y donde se me aguante. Tecladorreica, musicómana y afín a la gente que me provoca carcajadas sonoras. No coffee, no party. Dame una cámara y moveré el culo. Pon todas las tildes y soy tuya para siempre.

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