Mi primera experiencia viendo porno

Primera vez viendo porno

Hay pocas aseveraciones más indiscutibles que el hecho de asegurar que el porno le gusta a todos los hombres. Vale, puede que haya alguno a quien no le interese la temática adulta que aborda la fisiología de la reproducción desde la perspectiva exhibicionista, pero la mayor parte de nosotros, los hombres, mentiría si dijera que la pornografía no forma parte activa de su ocio en la intimidad. Porque no lo olvidemos: el porno es más omnipresente que cualquiera de los dioses a los que se reza habitualmente, formando parte de la sociedad actual al mismo nivel que internet, la tecnología o la comida basura (no, no busquéis aquí dobles sentidos). Pero, si hacemos un poco de retrospectiva, comprobaremos que el porno ha cambiado mucho; y justo de eso va mi primer post en el blog: ¿cómo fue mi primera experiencia viendo porno?

Puede que dé la impresión de que voy a subirme al DeLorean para viajar al pleistoceno: mi primera experiencia con el porno debió ser con la edad de ocho o nueve años, propiciándose tal precocidad gracias a tener unos padres muy jóvenes y a crecer en un ambiente distendido con cierto aroma a decadencia (ay, como lea esto mi madre). En aquella época, la pornografía quedaba restringida casi exclusivamente al formato papel, por lo que yo tenía acceso a perlas tan adecuadas para mi edad como el Víbora o el Jueves (cuando aún publicaban fotos de mujeres desnudas); además de a alguna que otra revista donde lo menos importante era el material gráfico en formato dibujo. ¿Y en cuanto a ver porno en vídeo, que es de lo que trata el artículo? No podría reseñar exactamente la primera vez, porque no recuerdo con exactitud la ocasión; aunque sí que detallaré mis inicios en el visionado de vídeos pornográficos más allá de alguna película erótica que diesen por la segunda cadena.

El porno ha cambiado mucho en los últimos años, pero sigue siendo un contenido tabú para la mayoría

Seguramente no lo recordéis o, lo más probable, tampoco lo vivierais, pero la pornografía cambió radicalmente en este país tras la aparición del primer canal de televisión privado accesible mediante abono: Canal+. El chiste de “te estás quedando ciego viendo el porno codificado” se hizo todo un clásico, formándose la leyenda urbana de que achinando los ojos resultaba posible distinguir más allá de la niebla en pantalla (es mentira, ya os lo digo yo). ¿Y por qué os explico esta “pornoanécdota” tan antediluviana? Porque quien tenía un amigo con Canal+ tenía un tesoro, surgiendo una red de trapicheo multimedia en la que se distribuían los VHS como si se tratase de droga dura (aquí sí que hay doble sentido). ¿Cómo fue la primera vez que vi pornografía en vídeo tal y como la podríamos entender ahora? Tras el intercambio de algún VHS.

El VHS, ese formato de vídeo que casi todos teníamos en casa y con el que se podían grabar las pelis de Canal+ sólo si el grabador guardaba compatibilidad con el sistema de codificado; por lo que tener a alguien cercano que cumpliera estos requisitos era casi un milagro, ofreciendo fiestas en casa cuando no estaban los padres para disfrutar de aquella orgía visual que se pasaba los viernes por la noche. Iremos abordando en este blog desde las distintas temáticas de la pornografía a los formatos, modos de verlo y requisitos que ha de tener este tipo de entretenimiento para adultos, pero con aquella edad no nos importaba más que descubrir ese mundo fastuoso que se abría ante nuestras retinas y entrepiernas descubriéndonos a su vez lo mejor (y también lo peor) de la sexualidad humana. No lo he dicho, pero ya había crecido un poco: rondaría los catorce. Y aquellos años marcarían mi entrada, y la de muchos de nosotros, a un mundo donde internet acabaría borrando cualquier barrera de acceso para dejar un campo yermo de paredes, flancos y de puertas; con todo lo que ello supone en la actualidad para los adolescentes y los que no los tanto.

Hacer un viaje a la adolescencia implica recuperar algún momento en el que la intimidad se mezcló con la pornografía

Aquellos maravillosos años, recuerdo con nostalgia aquella serie; también algunos de los momentos propiciados por el viaje en el tiempo al que me he sometido hoy. ¿Y sabéis qué? Tampoco tengo demasiado claro que esta democratización del porno llegada con internet haya prodigado una mayor libertad a la hora de decidir con qué podemos excitarnos. Aunque eso ya será motivo de algún otro post.

Iván Linares
Iván Linares
Escribo porque me gusta y porque me da la vida; también veo porno por lo mismo. Así que... ¿Por qué no unir ambos temas en uno solo? Aquí estoy: esperando que disfrutes con lo que sale de mi cabeza. La superior...

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