Mirando al pajarito

Mirando al pajarito

[On. ISO 400, leve subexposición, velocidad de obturación 1/50 s, f3]

6:30. Anoche ninguno de los dos cayó en la persiana, ni siquiera en la ventana. La fría y alba luz de una luna que ni sé en qué fase se encuentra te gustaba a ti y nos gustaba a ambos, así que no era cuestión de pararlo todo para pensar en ponerle barreras aunque sólo fuese pasarla por el colador de las láminas de la persiana. Tus labios resecos apestaban a tequila añejo pero creo que eso incluso me excitaba más, y de la sequedad ya me deshice yo en breve barriendo tu maltrecha y traviesa sonrisa con mi lengua, catándote a fondo. La verdad es que ignoraba que por el precio de esa ronda de chupitos me llevaría un menú degustación de tu cuerpo, y como buena comensal lo probé todo, te probé cada esquina.

Ahora es el sol el que aún tímido irradia tu perfil [click]. El ángulo casi recto de tu cuello con tu hombro a contraluz se hace ligeramente agudo con cada una de tus profundas respiraciones y hay un momento en el que tu deltoides está paralelo al marco de la ventana [click]. No puedo evitar besarte ahí, en ese ángulo, y sé que te hago cosquillas porque te mueves un poco, como si yo fuese una mosca cualquiera. Aunque en cierto modo lo soy, es demasiado pronto, pero puede por un remanente de la soberana cogorza de hace un rato a mí me den ganas de volvértelo a hacer, de no dejarte descansar y de que me quites los posos de melopea haciéndome cabalgar sobre tu verga, como buen semental. Así que prosigo mi lascivo intento agarrándote, amoldándome a tu posición fetal y siendo tu silla, restregándome en toda tu superficie trasera para que sientas mis pechos y mis bajos, en un intento de que los eches de menos y eso sea más fuerte que tu modorra.

Pero no es suficiente (aunque noto que te gusta), así que mi mano se va a tu entrepierna, y vaya, resulta que sí lo habías notado (y sí, te había gustado). Te perdono esa pereza, aún huelo el tequila y no abres los ojos, y decido regalarte un rato de placer. Aún me acurruco más, aún logro echar fuera algunas de las pocas moléculas de aire que hay entre nosotros, y mientras mi vagina se pega a tus nalgas mi mano sacude tu erecto miembro con fervor, con aún más del que tenía tu mano anoche al repasar mi cuerpo de pecho a ingle mientras bailábamos vete tú a saber qué música en aquel antro. Eres duro, estás duro y lo tienes duro, y aunque cada vez estás más cachondo no abres la boca, bribón. Tu respiración se acelera pero tú exhalas sólo por la nariz como un toro bravo. Esa terquedad tuya, esa ebria frialdad, me pone, me reta. Y lo paga tu pene, con aún más pasión. E inspiras con más fuerza, hinchas tu pecho un poco más, y al fin abres la boca. Exhalas tras un orgasmo que puede que no te merecieses pero que te he querido dar.

Y ahora encima voy y echo la persiana, para que tú tengas menos luz y que descanses. Aunque en realidad es algo egoísta y que me conviene, porque ahora tu cuerpo completamente relajado y atrapado por el colchón está hecho un hermoso paso de cebra solar [click].

[ISO 320, velocidad de obturación 1/13 s, f4]

10:30. Me encantan las tímidas. Normalmente son chicas poco acostumbradas a los flashes, los objetivos o simplemente a los extraños. Pero reconozco que me encanta ver cómo se ruborizan o su vello se eriza casi más por un escalofrío de vergüenza que por las corrientes de aire que puedan recorrer su piel desnuda [click]. Es una timidez algo irónica cuando por su envidiable anatomía deberían andar casi más bien con orgullo, sobre todo ante mí, una rival o una víctima.

La verdad es que no sé qué me gusta más, si jugar a ser yo la experta e indicarles suavemente qué postura tomar o qué mirada hacer, o cuando son ellas las curtidas en la sesión y se comen la cámara porque no pueden comerse más cosas. Si prefiero cuando se muerden el labio por dudar [click] o por provocar [click, click]. Si rehuyen del objetivo [click] o hacen como que lo miran cuando lo que buscan es mi pupila. Esto a veces puede parecer un ambiente frío, lo es de hecho, pero subir la temperatura es más fácil de lo que parece. Y no hablo sólo de estudios con focos y croma, hablo de estudios con copas de vino y un buen sofá, o una buena alfombra. De cuando lo que acabo revelando no es la tarjeta de memoria, sino su piel.

[ISO 200, velocidad de obturación 1/300 s, f8]

16:00. Los robados en la urbe a veces captan las conductas más instintivas, más naturales. Los parques son una mina porque suelen ser nuestro paréntesis en la rutina o nuestro rincón privado. El padre pendiente de que su inquieta hija no caiga del columpio [click], la mujer echada sobre el banco y abrigada hasta la barbilla que echa meditabundas y acompasadas caladas con la mirada perdida [click], el señor trajeado que me caza [click] y la pareja que rebosa hormonas (y feromonas) [click].

En éstas últimas a veces las instantáneas son preludios, o eso me gusta pensar. La expresión de abstracción hasta que me pillan [click] y responden con mosqueo o la de falsa distracción cuando me han pillado previamente y disimulan [click]. Las miradas cómplices que preceden un arrumaco [click], las tímidas que nunca se cruzan hasta que lo hacen [click], el beso que quita la respiración mientras esa mano [click] duda dónde ponerse hasta que cae sobre una nalga [click]. La de flechazos, metidas de mano y “aquí te pillo, aquí te mato” que habrán seguido tras una de mis instantáneas robadas. Fotografiar gente desnuda es sin duda excitante, pero la vestida no defrauda en erotismo y pasión ni mucho menos.

[ISO 800, velocidad de obturación 1/15 s, f4]

19:30. Qué tonto eres cuando te miro tras un conjunto de lentes y electrónica. Aunque esa vanidad tuya me beneficia porque te sienta estupendamente. Más aún si te aflojas la corbata y te desabrochas el par de botones justo para que tu sonrisa de canalla y la brisa [click] pongan los ingredientes que faltaban para seducir del todo a la cámara o a quien la lleva. No eres ese pseudo-Adonis insulso y cincelado que me piden las agencias, no eres Clooney pese a tus canas precoces y ese ceño de gentleman [click], pero eres mi David moderno de carne y hueso (no de mármol, al menos no todo tú, y no siempre). Tú eres mío con ropa y con tus hoyuelos a mi merced [click], y yo soy tuya entre sábanas y a pelo: es nuestro trato.

23:30. Hoy, sin embargo, me haces una concesión en nuestro contrato carnal y tras casi arrancarme la camisa (porque tu impaciente excitación no estaba para botones) y jugar con mis pechos a lo sabueso, me dejas postrada en la cama para que agarre mi instrumento (y suelte el tuyo). Tú te deslizas a gatas hacia atrás de modo que te cuelga la corbata (lo único que llevas) y otra cosa por detrás [click]. Y, tonto, que eres un tonto, te pones a posar [click]. Vuelves a ser mío por un momento y haces payasadas lúdico-sexuales [click] sacándome carcajadas y los colores, sobre todo cuando tú mismo juegas con tu falo [click], que ya me he encargado yo previamente de que se plante como un mástil sin izar bandera alguna, aunque emules que la ondeas [click]. Hasta que te cansas y saltas sobre mí [click], con el tiempo justo para que yo deje mi cámara en un lugar seguro (pero no muy lejos) y tú la vuelvas a tomar con mis senos. Tú no sabes lo que me encanta sentir tu nariz y tus labios en mi esternón, y ver cómo cierras los ojos [click] y aplastas mi pubis comprimiendo mi cuerpo entre el tuyo y el colchón con ayuda de mis pies, que empujan desde tus nalgas. Que surques mi línea alba con pequeños besos me indica que vas a entrar a la zona peligrosa y suelto el equipo anticipándome a ser presa de tu lengua, porque lo que me haces ahí abajo es mi talón de Aquiles, mi criptonita. Es tu magia y mi enajenación.

Vuelvo a ser tuya, más bien de tus labios que se enfrentan a ésos míos mientras que los otros se abren para que salgan mis gemidos. Puede que me toques mientras, puede que te toques tú, no tengo ni idea, pero lo que sí se seguro es que tienes un sexto sentido erótico para saber cuándo apoyar tus manos sobre la cama para impulsarte y metérmela hasta que se sincronizan nuestras exhalaciones, nuestros arqueos de espalda y nuestras sonrisas lujuriosas. El frenesí no me impide enfocar tus hoyuelos y hacer fotos mentales de ellos y de tus brazos en tensión. De ese lunar. De la ausencia de separación entre nosotros. Le doy al botón imaginario cada vez que tú aprietas el mío (y lo aprietas bien). Aunque a medida que nos acercamos al placer máximo ya cierro el obturador de mis pupilas del todo para sentirte a ciegas, para sentirte bien. Para que el roce de tu barba de yo qué sé cuántos días en mis pómulos ayude a que esos últimos empujones tuyos me hagan compartir el orgasmo que tú estás teniendo. Para que nuestras gotas de sudor se fusionen. Para que pueda pegar estos senos que tanto te gustan contra tu torso. Y para que se produzca esa pornográfica instantánea del súmmum de nuestro placer que nunca seré capaz de hacer, pero sí de gozar.

[Off]

Anna Martí
Anna Martí
Dicen que no paro pero yo creo que son ellos quienes me ven deprisa. Pasé de curar vacas a curar ordenadores hasta acabar escribiendo aquí y donde se me aguante. Tecladorreica, musicómana y afín a la gente que me provoca carcajadas sonoras. No coffee, no party. Dame una cámara y moveré el culo. Pon todas las tildes y soy tuya para siempre.

Comments are closed.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR