Imagínatelo

Imagínatelo

Quizás creas que somos un poco pesados con esa insistencia en que te lances a escribir porno. Puede que incluso creas que somos tontos porque eso implica algo más de trabajo (gratis) por nuestra parte y además dar crédito a alguien que no es de la plantilla (eh, que no somos nadie pero la araña de Google seguro que nos mira de reojo). Pero lo hacemos porque sabemos que eso de escribir puede necesitar un empujoncito, que eso de escribir porno puede precisar un puñado de empujoncitos y que eso de que te publiquen el porno que escribes puede requerir todos los empujones de este mundo y parte de otro.

Pero tranquilo, no vamos a hacer un Bertín y a cantarte lo que brillará la estrella que hay en ti. No a todo el mundo le gusta escribir ni a todo el mundo se le da bien (quien no aprenda algo cada día ni tenga cosas que mejorar en este sentido que tire la primera piedra), pero lo que suele ser innato, irremediable y gratis es la imaginación. Y, pese a esto, a veces la tenemos algo apagada, o  nos la apagan por memeces presión social. Y no, no podemos permitir que como español no disfrutes de algo gratuito, que como humano no hagas algo que no tiene remedio y que como animal no goces de esa característica innata. Si quieres olvídate del teclado, pero imagina, imagina lo que quieras.

Sé niño. Cierra los ojos y pasa de duchas, hoy toca bañera con espuma y con juguetes. Ve a casa de la abuela “a verla” y a que te dé caramelos y alguna moneda. Siente la corriente que crea el columpio sobre tus mejillas y las mariposillas en el estómago cuando desciende, e impúlsate aún más con ese movimiento de piernas que nadie te ha explicado pero que tú has aprendido con el que ganas velocidad y altura. Ve a coger esa onza de chocolate que luego misteriosamente nadie habrá cogido. Juega con un tiranosaurio, ¿por qué no? Hipnotízate hasta quedar absorto con la televisión, ríe con ella, asústate con ella, sorpréndete con ella. Sorpréndete demasiado cuando la ves en las horas que no deberías. Lee libros con más dibujos que letras. Ten sueños con más dibujos que letras y duérmete sonriendo.

Sé perro. Cierra los ojos y, ups, bueno, el mundo no tiene tantos colores. Pero tiene muchos, muchos olores. Huele a tu dueño, que aún duerme, al menos hasta que vas y le lames bien la cara, porque sí, por si a caso y porque ¿por qué no? Da vueltas sobre ti mismo y ladra hasta que el vecindario entero clame por tu sacrificio porque toca pasear. Tira con fuerza de la correa, que siempre es demasiado corta. Huele el mundo, óyelo. Ladra, esos pájaros no tienen por qué cantar, o existir. Mea. Salta, corre, vas sin correa y, oh, mira cuántos palos, ¡es un cielo de palos! Mea. Ve a por el palo, llévaselo a tu dueño, vuelve a por él, vuélveselo a llevar. Mea. Qué gozada. Mea. Y al llegar a casa bebe como si no hubiese un mañana, come y acuéstate. Y ya está. Disfruta de la vida contemplativa desconociendo conceptos como “agenda”, “trabajo” o “notificación”. Y ráscate la parte trasera de la oreja con la pata, imprescindible.

Sé asquerosamente rico. Cierra los ojos y hazte así, que tienes un billete de 500 euros. Desayuna la mezcla más exquisita de kilocalorías sin moverte de tu mesa en la terraza mientras el sol baña tímidamente tu ya bronceada piel mientras emerge tras esa playa que osa llegar a tu descomunal casa. Hoy te tomas en serio el deporte y tras mojarte los pies en la piscina del ático te mojas entero en la piscina de billetes del sótano, como la del tío Gilito (pero sin nietos, que es tu fantasía). La trilogía sin estrenar de Star Wars se ve mejor en el home cinema de tu casa, y lo sabes porque has conseguido una copia a golpe de fajo. Pero quizás hoy no pases tanto rato en ese sofá que vale lo que un pisito de pobre porque prefieres contar tu velocidad en nudos montado en tu yate. ¿Solo? Qué va, hay compañía, música y alcohol. Pagaste para que hubiese risas y jarana durante todo el viaje, y que en tu mano nunca faltase una copa llena como condición sine qua non. Y en la suya. Cómo favorece la luz naranja del ocaso en alta mar. Y a él o a ella también. Has vivido años en silencio deseándole porque es inalcanzable, porque no te pertenece. Pero aquí tú llevas el timón, así que ve y cumple tu deseo. Déjate llevar y que te quiten lo bailao’ (o lo manoseao’). Aprovecha el vaivén del mar, es un añadido si eres bueno. Deja el chacachac del tren a la altura del betún con el ñacañaca del barco. Hasta el sudor de ambos destila lujo. Regresa a casa (una de tantas) y cena un pedazo de carne procedente de la mejor vaca existente hasta ese día. Y déjate atrapar por tu inmensa cama de 6 estrellas.

Sé director de película porno. Cierra los ojos y coge la sartén por el mango (bueno, si quieres). Carraspea y dirige desde tu silla, una de ésas de respaldo de tela en el que se lee tu nombre. Olvídate de las movidas técnicas que para eso ya hay demasiada gente suelta pululando a tu alrededor y céntrate en qué quieres ver, en qué quieres recrear. Une tus manos yema a yema y apoya tu boca pensativa, en conjunción con tu mirada hacia la acción. Piensa en qué quieres para hoy, qué género, qué personal y qué argumento. Claro que hay argumento, aunque sea un aquí-te-pillo-aquí-te-mato tiene su breve (y dos veces bueno) intríngulis. Tus fantasías son órdenes, ordena pues. Di a esos cuerpos cómo han de mostrarse, marca los pasos de esos glúteos, indica los roces que te plazca. Marca el compás de los jadeos que componen la banda sonora. Tú (te) pones todo: guión, escena y coreografía sexual. Crea tu obra para que sea el súmmum de lo erógeno, el sexo hecho arte, la perversión a tu medida. Tu película, tus normas. Tu mordida de labio. Tu suspiro profundo. Tu placer.

Escribe, dibuja o haz lo que te de la gana, pero nunca, nunca dejes de ejercer tu derecho a la imaginación. Imagina de camino al trabajo, en la cola del súper o durante esa palabrería de ese pseudo-amigo que te da exactamente igual (pero no olvides asentir de vez en cuando). Imagina de verdad, imagina fuerte.

Y si quieres te lo quedas, no hagas nada con ello. Son tus fantasías, tus productos originales y lo prefieres no los imprimas, no sublimes a papel tus tesoros no tangibles. Pero eso sí, tendrás que permitir que nosotros sigamos haciéndolo, porque no podemos evitarlo, porque nos es innato, y escribir también. Y porque nos encanta, qué carajo.

Anna Martí
Anna Martí
Dicen que no paro pero yo creo que son ellos quienes me ven deprisa. Pasé de curar vacas a curar ordenadores hasta acabar escribiendo aquí y donde se me aguante. Tecladorreica, musicómana y afín a la gente que me provoca carcajadas sonoras. No coffee, no party. Dame una cámara y moveré el culo. Pon todas las tildes y soy tuya para siempre.

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