La intrincada pasión turca: corramos un tupido velo con la sexualidad

Turquía

A veces huele a cardamomo, y cierro los ojos y visualizo centenares de especias en saquitos. A veces ni siquiera necesito cerrarlos para ver un atardecer bañando las brillantes paredes de la Mezquita Azul. A veces creo sentir la brisa del #Bósforo. A veces oigo esos cantos que a oídos occidentales casi son lamentos. Y suspiro. Suspiro por anhelo, cautivada por un deseo, el de visitar Estambul.

Así suspiraba Desideria, pero por deseo físico, por satisfacción del mismo, de hecho. Desideria cató las mieles de Estambul de la manera más profunda y furtiva posible. Desideria puso la coreografía más primaria y carente de control a La Pasión Turca.

Una pasión que, una vez más, se ve coartada por el irónico progreso. Como India y como Rusia, Turquía también copa titulares más por censura que por libertades, prohibiendo libros, poniendo cerrojos a la red de redes y declarando como antinaturales ciertas prácticas sexuales. Y sabéis que en NoSóloPorn eso nos gusta muy, pero que muy poco. Por ello, hoy ponemos en este bello país en nuestro punto de mira para hablar de la enrevesada sexualidad en Turquía.

Tiempos pasados siempre fueron mejores, para variar

Amigos, hoy estáis de enhorabuena porque para hablar de la historia del erotismo y la sexualidad de Turquía “sólo” voy a retroceder unos 800 años, YAY! Aunque me permitiréis que como de costumbre os contextualice un poquito dado que nos adentraremos en la sociedad de los primeros siglos del Imperio Otomano, que se extendió a partir de que el rey Mehmed II acabase con lo que quedaba del Imperio Bizantino después de que su pueblo, los turcos otomanos, controlasen el resto de estados y sobreviviesen a los mongoles.

Danza del harén

¿Qué trajo este pueblo a Bizancio? Pues, aparte de (más) autoritarismo y (mayor) vinculación de la política con la religión, también fue el origen de los harenes y los baños turcos. Y diréis, ¡viva la carne y la humedad! Sí, y eso es algo que precisamente en esta web hemos tratado desde varias perspectivas, no obstante el concepto original de harén carece de las connotaciones que los calenturientos occidentales le hemos ido añadiendo al proyectar nuestras fantasías. El harén musulmán o harenlik originario era el espacio de la casa (o palacio) donde las mujeres podían relajarse, es decir, quitarse pañuelos y demás sin temor a ser vistas por extraños (la parte equivalente para hombres se denomina selamlik). Con el tiempo harem ha pasado a definir bien la estancia donde residen las mujeres o la separación por géneros que rige la institución familiar en la sociedad islámica.

El periodo otomano fue el más rico en textos sexuales explícitos

Y después de este jarro de agua fría, vayamos a lo bueno, al porno (o casi). Como estamos viendo al ir tratando la sexualidad (o mejor dicho su aceptación) en las culturas, suele ocurrir que en su origen ésta se concibe con la normalidad que debería e incluso en ocasiones con verdadera importancia en el funcionamiento de la sociedad.

Y la turca no es una excepción en este sentido, y puede que en la historia de la sexualidad turca sea el periodo otomano el más esplendoroso, en el que en los palacios era normal que hubiese tanto concubinas (ahí se armaban divertidos enredos y tramas, pero eso para otro día y otra web) como köçeks, término que en su origen (s. XVII) se designó a los bailarines profesionales encargados de entretener en un primer momento a las habitantes de los harenes, hasta que con la supresión de la cultura del harén de la mano del Sultán Abdul’l-Aziz perdieron privilegios y acabaron exhibiendo sus artes por las tabernas en los suburbios hasta desaparecer como esta figura social lúdica. No obstante, estos köçeks primigenios (más bien forzados, al provenir de la práctica del Devşirme) que acababan siendo hombres con comportamiento femenino se consolidarían como un germen de la transexualidad y el travestismo, y de hecho, como podemos leer en el libro Sexuality and eroticism among males in moslem societies (Haworth gay and lesbian studies) de John Derecco, para hablar de estos dos conceptos se sigue usando el término köçek en la actualidad, mucho mejor visto que “travesti” o “transexual”.

Köçek

No es extraño pues que sea el periodo otomano el más rico en textos sexuales explícitos, llamados bahnâme, que inicialmente se centraban en los procedimientos médicos del momento y que luego pasaron a ser libros de pornografía. Cuenta Murat Bardakçi, escritor y periodista, en su estudio Osmanli’da Seks (“Sexo en tiempos otomanos”) que la primera publicación de este endémico género literario bahnâme del que se tiene constancia es el Bahnâme-i Şâhi de Nasreddin-i Tûsî’, una obra persa traducida por Salahaddin a turco en el siglo XV.

De hecho, hay estudios que han demostrado que el repertorio de la cultura turco-otomana incluye gran variedad de textos literarios y no literarios que tratan la sexualidad: escritos médicos, juegos y literatura erótica en los que se describieron al detalle aspectos del sexo. Según Selim S. Kuru, profesor asociado en la Universidad de Washington, la producción de textos sexuales explícitos en la literatura otomana alcanza un pico en el s. XVI. Esto lo encontramos en su estudio sobre las historias de Deli Birader (que forman parte del canon literario otomano), en el que también afirma que el canon de la literatura otomana de ese momento (lo escribe en 2007) se ignora los textos con contenido sexual.

Harén en la terraza

Porque no, Turquía tampoco escapa a las épocas de represión, y según el Dr. Dror Ze’evi (profesor de Historia de Oriente Medio en la Universidad Ben Gurion, Israel) el discurso sexual otomano fue reprimido hacia finales del s. XIX, justo cuando la medicina occidental penetró en Oriente medio. Sí, el pudor llegó casi en la era contemporánea, el ser humano es maravilloso. Pero por suerte en toda cueva hay una grieta por la que entra algún rayo de luz que deja ver la realidad y sirve de guía, al menos para los más exploradores.

La sexualidad en la literatura turca: gracias, pseudotraductores

A mí Troya me gustó por las vistas, sí, pero de toda la vida me ha causado simpatía como historia, como anécdota. No es de extrañar que se haya convertido en la metáfora por antonomasia al hablar de estrategias en las que se realiza un ataque desde dentro al haber introducido tu ejército o tu arma con el propio permiso del invadido sin que éste sea consciente. Una táctica que emplearon los autores de mediados del siglo XX para que los textos sobre sexualidad se expandiesen en el interior de las fronteras turcas. ¿Cómo? “Traduciendo” [guiño, guiño], os explico.

Al parecer, durante el siglo XIX hubieron numerosos casos de censura y manipulación del contenido original de obras extranjeras por convicciones políticas, religiosas y/o sociales (¡quién lo diría!). Como en toda región con imposiciones morales (siendo políticamente correcta) hay al menos parte de la sociedad que ve la luz e intenta ampliar esa brecha para que más gente la vea, y en este caso fueron las editoriales, que se percataron la oportunidad de colar textos “no apropiados” con las pseudotraducciones de obras literarias. De esto se habla largo y tendido en el libro Tradition, Tension and Translation in Turkey, de John Milton, Saliha Parker y Sehnaz Tahir Gürçaglar. Es este extenso estudio los autores plantean cómo las pseudotraducciones de los manuales sexuales, originalmente comedidos y castos, probablemente ayudasen a provocar una atmósfera liberal para hablar y escribir de sexualidad en Turquía en la medida de lo posible.

Las pseudotraducciones ayudaron a provocar una atmósfera liberal para hablar y escribir de sexualidad en Turquía en la medida de lo posible

 

Algo a recalcar es que la motivación no era sólo informativa: las editoriales no son ni eran ONGs, son empresas, y vieron un filón en los los manuales sexuales traducidos (literalmente), los cuales alrededor de 1930 representaron una manera popular de proveer información sobre sexo, según apunta Ben-Ari, si bien siendo tema de carne su comercialización se inició discretamente. En particular, fueron un éxito comercial los manuales turcos sobre sexualidad de la mujer. Un ejemplo es el de Ertem Eĝlilmez, que confiesó ser la verdadera identidad de A. Lahraman, autor del libro titulado On Derste Cinsiyet (“Sexo en 10 lecciones”) del que se vendieron 50000 copias al poco de su publicación (1953).

La mujer, ese pérfido y lascivo ser

Esto, lo de los pseudónimos, fue algo bastante recurrido en las publicaciones de esta índole, y uno de los exponentes más importantes fue Yetkili, cuyo género aún se desconoce. En Her Nişanli Kiz NelerBilmelidir? (“¿Qué tiene que saber una chica comprometida?”) el autor o autora se dirige directamente a lectoras femeninas describiendo sus objetivos en cuanto a su vida conyugal, que consistían en prepararse para la misma y ayudar a superar el periodo de compromiso. Durante dicho periodo, planteado como el momento más critico antes del matrimonio (1956), se centran muchas de las pseudotraducciones, y nos dan una idea de qué aspectos sociales y psicológicos estaban en juego. Por ejemplo, las jóvenes no deben revelarse a sus prometidos o novios (protestar) y evidentemente no deben tener relaciones sexuales antes del matrimonio, porque de esta manera causarán resultados no deseados en el mismo.

El esquema conceptual era así de sencillo y espectacular: proximidad física prematrimonial → masturbación → infelicidad y lesbianismo

Son las referencias y recomendaciones sobre la sexualidad de las jóvenes lo que resulta llamativo (a un ser de mente abierta y actual, se entiende), sobre todo en lo relativo a la masturbación y a cierto instinto de infidelidad si y sólo si en tus cromosomas sexuales sólo había “X”. Algo que destaca en los textos de Yetkili: esos tintes de lo inapropiado de la masturbación a principios del s. XX. El esquema conceptual era así de sencillo y espectacular: proximidad física prematrimonial → masturbación → infelicidad y lesbianismo. Tócate los huevos (nunca mejor dicho).

Muñeca turca

Abundaban pues denuncias  y acusaciones por la autoexploración y la eliminación de los textos relativos al tema en las traducciones hasta aproximadamente mitad de siglo hasta que fue de nuevo Yetkili quien, en esta ocasión, sí resultó en cierto modo innovador o innovadora y arrojó algo de luz sobre el asunto, si bien finalmente fuese para condenar ciertas prácticas que no lo merecen. En sus textos trasladó a la sociedad turca que en las “desarrolladas” (ojo al matiz) había una visión mucho menos restrictiva de la masturbación y que, de hecho, era algo recomendable en determinadas circunstancias, si bien no dejaba de denunciar un abuso de la práctica que podía sustituir al coito (según la lógica del momento y del lugar, claro).

La mujer es ese bicho que busca el dulce néctar fuera de casa y disfruta con ello

Otro tema, como decía, que destaca entre los que abarca es qué motiva la infidelidad en la mujer (véase el leve e implícito sexismo de que se ataje la femenina y no la masculina). Una materia delicada, que de hecho se atreve a tratar a diferencia de sus antecesores, contemporáneos e incluso publicaciones futuras (revistas de 2007, según se apunta en el libro). No en vano, escribe los datos médicos en varios idiomas (preparando la pseudotraducción, o lo que es lo mismo, que el texto “se pierda” si conviene) y realiza encuestas sobre el grado del orgasmo extramatrimonial en Estados Unidos (hablando de wife swapping o “trueque de esposas”, atiende), evitando las consecuencias que pudiese tener tanto el realizar esas confesiones como el recogerlas en Turquía. ¿El enfoque? Obviamente, la incorrección. La mujer es ese bicho que busca el dulce néctar fuera de casa y disfruta con ello; la mujer, según Yetkili, es, de algún modo, una lunática:

«(Las mujeres) Buscan obtener el placer jugando con fuego deliberadamente (sobre todo si son conscientes de su encanto); incluso ignorando la amenaza al hogar que esto supone.»

Para acabar con la aportación del amigo o amiga Yetkili, algo que resulta realmente revelador (y en cierto modo escalofriante) es el hecho de que en pleno siglo XX exponga el tema de la atracción del género masculino por los senos como una explicación “nueva”, como algo de lo que hablaban los antiguos poetas (para los cuales los hombres mostraban preferencia por los pezones enrojecidos que “por los capullos de rosa por florecer”). Es decir, como un texto enunciativo de un libro de ciencias, una información antigua que necesita saberse a día de hoy:

«Además de proveer leche, los pechos de la mujer son órganos para atraer al hombre»

Wow, BREAKING!

De meca del porno a cárcel por crearlo: cuando la involución es el recurso más fácil

No obstante, fue precisamente en el siglo XX cuando en el país afloró cierto modernismo y las distintas represiones se fueron disipando desde el desarrollo del Tanzimat (“regulación y organización” en turco) entre 1839 y 1876 y la instauración de la república en 1923. Esto tuvo evidentemente una repercusión social y moral y se hizo algo más que la vista gorda con el contenido sexual (pese a mi tono enunciativo, os permito que lo leáis en tono de Chiquito de la calzada). Cuenta Cemil Schick que con el desarrollo de la imprenta en el capitalismo ayudó a que nuevas ideas de la sexualidad se expandiesen durante esta década y apunta además que en las novelas eróticas explícitas, publicadas en gran cantidad en este periodo, la mujer y la sexualidad fueron «catapultadas a discurso público con una intensidad, consistencia y comprensión nunca antes vistas en la sociedad otomana».

En los años 70 Turquía pasaba a convertirse en la meca del cine erótico

Vale, pero, ¿y el porno? Por fin, por fin llega, queridos. En Turquía, como en muchos otros países, hubo una época dorada para la pornografía tras abrir la veda del contenido cinematográfico, y en esa deliciosa explosión de creatividad y libertad que hay tras un periodo represivo este país pasaba a convertirse en la meca del cine erótico (en los años 70). Blanca L. Arangüena habla sobre ello en Mediterráneo Sur y nos recuerda algunos títulos más taquilleros como El vendedor de sandías, Cinturón de castidad o Ali el futbolista biónico. Época en la que la calle Yesilçam de la magnífica Estambul se concentraron estudios cinematográficos que producían un 70% de films con contenido erótico, en los cuales era frecuente ver a los playboys y pin-ups turcas cuya fama subía como la espuma, como podían ser Leyla Sayar o Suzan Avci.

Pin-ups turcas

Una industria que trajo ingresos y atrajo a actores y directores famosos elevando el interés por el especiado contenido patrio por encima del contenido descafeinado que llegaba de Hollywood. De hecho, el primer beso lésbico en el cine turco vino en 1963 con Ilki Gemi Yanyana (“Los dos lados del primer buque”) como una especie de respuesta al cine hollywoodiense después de que éste mostrase su primera escena lésbica en Walk on the Wild Side de Edward Dmytryk. Y el primer largometraje exclusivamente pornográfico llegaría de la mano de la escuela Yesilçam Seks Furyasi (“La orgía del pino verde”),

Porn, porn everywhere! hasta que en 1980 el General Kenan Evren diese un golpe de estado y así, de golpe, se cargó el esplendor pornográfico del país del Bósforo. El cambio político trajo consigo de nuevo la persecución a los creadores y la vuelta a la censura bajo el férreo tamiz de la ideología islamo-nacionalista. Así lo cuenta Ahmet Güney, estudiante de cine en esa ironía hecha centro de estudios que es la Universidad de Bilgi (Estambul), dado que sus ladrillos fueron financiados según el estudiante «a partir del dinero obtenido en una línea caliente en las años noventa» y en la que suspendieron a Deniz Özgün en 2011 por rodar en sus instalaciones el vídeo pornográfico de su trabajo de fin de carrera. Alumno suspendido, profesores de tesis apartados, y eh, cierre de los espacios donde se había rodado y editado la película. Pse, a los turcos con guarrerías, dónde iba a parar.

Este hecho hizo que tanto director como actriz protagonista, Elif Safak Urucu, se convirtiesen en referencias del movimiento por ampliar la tolerancia académica tras publicar un manifiesto en internet que reunió unas 2.000 firmas en tres días. Un apoyo que recibirían en comentarios en sus perfiles de redes sociales y mencionados en prensa, eso sí, citados con sus iniciales y con sus rostros pixelados si había foto. En un país donde las publicaciones “obscenas” se penalizan con cárcel (salvo que se trate de obras de “valor artístico o científico”) más vale no asumir riesgos aunque la defensa sea buena, algo que sabe muy, muy bien Irfan Sanci.

El ruidoso caso de Apollinaire

Los titulares internacionales en agosto de 2013 hacían eco de la censura turca con el caso de Sanci, quien tuvo la desfachatez nada más y nada menos de publicar una traducción de Las hazañas de un joven Don Juan, de Guillaume Apollinaire, en su colección de literatura. Tres añitos de prisión por cada libro publicado y seis para el traductor, sí señor, aunque finalmente y tras meses de revisiones y deliberaciones el juez los absolvió.

A este respecto, según el Código Penal Turco, la producción de pornografía es legal Turquía, pero. No, espera, PERO. Porque ese “PERO” son tres palabras en una clausilita que con respecto a esto indica que «el material audio-visual o escrito de tipo sexual que contenga actos con violencia, animales o cadáveres, o realizados de manera antinatural […], se castigará con pena de prisión de uno a cuatro años». ¿El truqui? Incluir en “de manera antinatural” lo que convenga, como el sexo oral o el anal. No en vano, en mayo de 2006 el gobierno del país se cargó a los cuatro canales eróticos turcos que existían (Playboy TV, Exotica TV, Adult Channel y Rouge TV).

Café turco

Con esta práctica de matar al perro para acabar con la rabia no es extraño que el de Apollinaire no fuese el único encontronazo de Irfan con las represivas condiciones para los creadores de contenido, ya que hasta cuatro veces estuvo a punto de entrar en prisión durante los 20 años que trabajó como editor. Y desde NoSóloPorn le entendemos perfectamente, porque el que fue periodista en la difícil década de los 80 en Turquía es un apasionado confeso de llevar la contraria y del erotismo (como debe ser).

El escritor Irfan Sanci es un apasionado de llevar la contraria y del erotismo (como debe ser) Click to Tweet

El autor es un ejemplo también de aquello de trabajar por amor al arte ya que sus obras no se venden y con su controvertida línea editorial se ha ganado una imagen bastante mala, algo que achaca al estigma social que dejó la represión tras el golpe de estado: «Se quemaron libros y castigó a quienes los tenían. […] Si un libro es sospechoso, no se compra». El editor clama que la sociedad de su país natal ya no sabe de sexualidad, algo que recuerda a lo que vimos que vivió el pueblo ruso, y recuerda el esplendor de la literatura erótica que hemos comentado en los siglos XVII y XVIII, mucho más explícitos que los libros del presente siglo, como “El libro de los chicos guapos”, de Enderunlu Fazil (1759-1810), el único título que Sanci se ha atrevido a incluir en su colección.

Red de redes, red de males

En la balanza entre ganarse el pan y la libertad de expresión no es fácil poner el peso en el segundo plato, y desde el mencionado golpe de estado y tras pasar por otras reformas de carácter restrictivo como la llevada por el partido islamista moderado AKP (2002) la creación de pornografía ha disminuido drásticamente, con una legislación contra este material cada vez más rígida y con unos estudios cinematográficos que, si no han cerrado, están cada vez más vigilados.

Desde el caso Apollinaire ha habido otras efemérides relacionadas con el asedio la vigilancia de las autoridades, sobre todo a medida que internet se ha normalizado y el populacho se ha percatado de lo que permite la red. Una de ellas es lo que hemos comentado en cuanto al truqui con el Código Penal, la declaración del sexo oral y anal como antinaturales en 2012, colocando estas prácticas en la misma tesitura que las de “tortura, violencia sadomasoquistas, zoofilia y necrofilia“. A esta estupenda y modernista conclusión [/sarcasm] se llegó tras detener a un distribuidor (que eso, el distribuir, es el verdadero delito) de material de este tipo y considerar que la pena correspondiente no era “suficientemente ejemplar”, elevándola a la aplicada en el caso de las mencionadas. Así aprenderéis, obscenos, hombre ya.

De las últimas es la del año pasado, que afectó directamente a internet. En febrero de 2014, el mismo año en que entre otras cosas logramos poner una sonda en un cometa, en Turquía se aprueba una reforma de la ley que regula los contenidos de la red por la cual la Autoridad de Telecomunicaciones puede censurar y prohibir páginas web “a discreción y sin supervisión”, como explicaron en El Confidencial. Toda una lección de censura con la que el Gobierno del país pretende “proteger a la familia, a los niños y a los jóvenes de elementos en internet que animan a la drogadicción, al abuso sexual y al suicidio” y agilizar trámites a la hora de bloquear sitios que por ejemplo atenten contra la intimidad de las personas, como ocurrió con la difusión en 2010 de un vídeo del que fuese jefe de la oposición, Deniz Baykal, pasándolo más que pipa con parlamentaria de su partido (quien no era precisamente su esposa), acabando con su carrera política.

Hagia Sofia

Lo que también ocurre con esta reforma es que lo que va más rápido es el crecimiento de lista de webs bloqueadas, que ya cuenta con todas las pornográficas, secciones de la Wikipedia y páginas críticas con el gobierno del país. Como también será ilegal recurrir a los métodos por los que se obtiene acceso a dichas webs como los proxies o cambiando el DNS.

El próximo objetivo del ministro Erdogan son las redes sociales

El próximo objetivo del ministro Erdogan son los que calificó de “tecnología horrible” y “calamidad”, que no son otros que Facebook y Twitter respectivamente, es decir, redes sociales. Tras aprobar la reforma, el gobierno turco pidió (animalicos) que no se le comparase con los estados cuya censura a la red es conocida mundialmente por su dureza como Corea del Norte, China o Siria. Y su Vicepresidente, Bülent Arinç, insistió en que son “más libres en comparación con muchos otros países del mundo, y tenemos libertad de prensa”. Dime de qué presumes…

Turquía es esa criatura tremendamente exótica y atractiva por lograr haber sacado lo mejor de su mezcla de orígenes, pero a veces los juguetes más bonitos caen en las manos menos cuidadosas

Como ocurre con Irina Shayk, Turquía es esa criatura tremendamente exótica y atractiva por lograr haber sacado lo mejor de su mezcla de orígenes, pero a veces los juguetes más bonitos caen en las manos menos cuidadosas (ni más liberales). Puede que, como indicaba Sanci, el pueblo turco esté algo roto o cuanto menos confundido, porque alguna explicación debe tener el hecho de que este año vuelve a hacer ganador al gobierno responsable de tales bloqueos en internet. Un pueblo que puso en 2011 a su país en el segundo lugar en cuanto a consumo de porno en el mundo (tras Japón) y según las estadísticas de Pornhub las visitas procedentes del país pasaron a durar más de 2013 a 2014.

Arinç tuvo que insistir al recordar la “libertad de prensa”. Yo ante estas cosas siempre digo lo mismo: las cosas defendibles se defienden solas. Para el resto, se grita.

Mezquita azul

Imágenes | Dipsahaf, Ethnographic MaterialsHistorisex, Wikipedia, Wahooart

Anna Martí
Anna Martí
Dicen que no paro pero yo creo que son ellos quienes me ven deprisa. Pasé de curar vacas a curar ordenadores hasta acabar escribiendo aquí y donde se me aguante. Tecladorreica, musicómana y afín a la gente que me provoca carcajadas sonoras. No coffee, no party. Dame una cámara y moveré el culo. Pon todas las tildes y soy tuya para siempre.

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